BOCHORNO

Lluvia, zancudos, hedor en las calles. La basura anda suelta y los funcionarios que debieran recogerla. Otra semana que termina.

Homero.

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LA CHICA DEL POEMA RECHAZADO.

Ella era la chica más popular de la clase; también era la mejor alumna.

Todos nos quedábamos viéndola cuando se descuidaba en el cruce de sus hermosas piernas. Y al igual que todos me gustaba también la chica.

Recién había cumplido 13 años y yo algo menos. Se puede decir que yo era un niño y ella una adolescente.

Sabía que le gustaba el hijo del Capitán de la Guardia pero eso no me intimidaba.

Me decidí a proponerle noviazgo y le mandé un poema que le hice como ofrecimiento sentimental.

Lo hice por medio de una de sus mejores amigas por que pensé ingenuamente que en algo me iba a beneficiar.

A los pocos minutos regresó la amiga con mi poema y un papelito que decía:

“Gracias pero no acepto”.

Doblé nuevamente mi poema y lo metí en la bolsa de mi camisa junto con mi vergüenza.

Todas sus amigas se reían y me miraban con ojos de lástima. Ella se levantó coqueta de su asiento y le tomó la mano al hijo del capitán de la guardia. El también se reía.

Años después me la encontré en la calle; a unas cuadras de mi casa y estaba tan cambiada. Obesa, llena su cara de espinillas y barros.

Después de saludarme con algo de asombro; examinándome de pies a cabeza me dijo: “Qué guapo que estas” y sí; no pude evitar la respuesta: “No te puedo decir lo mismo”.

Ella bajó la cabeza; me dio la mano en señal de despedida y se marchó; probablemente con la vergüenza similar a la que tuve un día.

 

Homero.

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EL ELEFANTE Y LA HORMIGA

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Hoy me he levantado con sueño; entre otras cosas por que me he acostado viendo una peli de terror (“Metamorfosis”. Anna Paquin, Stephen Rea. 2008). Una vampira que se enamora de un chico y le ablanda su frío corazón. Otro vampiro que se ríe de la cruz, reza el Padre Nuestro y cruza la Biblia con su dedo. (Joder estos vampiros están modernizados; seguro le trabajan al Vaticano o al Gobierno). La vampira se queda al final con su chico convertido en vampiro. Fin, Fin, Fin. (Aplausos.- Pufff… a dormir…).

Y es que nomas me he levantado y mi nieto me ha azotado con una pregunta que se convirtió en todo un cuento. He aquí la pregunta:

¿Abuelo, verdad que el amor no tiene fronteras? (Vaya preguntita la del nieto)

Pues no; como no sea el amor al dinero, pues no.

Entonces ¿Se puede casar un elefante con una hormiga? (juela madre ya se armó el descalabre)

Pues supongo que sí.

Entonces contame el cuento. (Contame el cuento; contame el cuento… Homero está apurado…)

Allí te va el cuento…

Esta es la historia de un elefante y una hormiga

Que después de ser novios una vida

Acordaron unirse en matrimonio.

Pero esa noche, después del casorio

Murió ahogada en semen la hormiga…

¿Y qué le pasó al elefante? Abuelo.

Al día siguiente

Triste por la muerte de su esposa

La hormiga,

Con su propia trompa

Se ahorcó de una viga.

(Fin del cuento)

El nieto se suelta en llanto ¿Por qué lloras hijo? Por el semen. ¿Cómo que por el semen? Es que se murió el pipito… ( Homero se metió a problemas por andar haciendo cuentitos)

Ahh pero es que sigue la historia

La hormiga no murió

Tremendo tortazo se dio

Al chorro caer al piso.

Y con mucho sacrificio

despegó su cuerpo del mismo.

El nieto se limpia las lágrimas (Homero ya se va a su trabajo…)

Pero abuelo ¿que pasó con la hormiguita? perdió a su marido…

La hormiga se puso triste

Y después de beberse un tiste

Enterró a su marido elefante

Para salir adelante.

Pero la hormiga no sabía

Que había quedado embarazada

De semejante chorreada.

¿Dios mío que haría?

Nieto que me tengo que ir a trabajar. ¿Y la hormiga? Pues quedó triste y panzona por andar de glotona.

¿Quieren seguir la historia?

 

Homero.

 

 

ESTABA ESCRITO. PARTE II

¿Su nombre? _ Diego Manuel Gómez Arvizú.

“Identificación por favor”. _ dijo en tono jocoso el dependiente de la Pensión “El Matadero de Don Juan”.

Era un hombre de mediana edad; con camiseta desmangada, “short” de “blue jeans” flojo y con chinelas de gancho; mascaba como rumiante un chicle “romie” cuya cajita arrugada con las manos no se había molestado en botar; la tenía en el mostrador, junto con un cuaderno sucio y un bolígrafo “bic” que utilizaba para el registro de clientes.

Don Diego sacó su cartera de la bolsa trasera izquierda del pantalón; comenzó a rebuscar dificultosamente; después de sacar varias tarjetas de crédito, dinero y algunas notas de la misma, encontró su cédula de identidad y se la ofreció al dependiente.

Con toda la parsimonia, el dependiente miró la cédula y después a los ojos de Don Diego y comentó: “aquí se miraba más joven”.

Don Diego un poco incómodo le contestó: “seguramente, eso fue hace muchos años”

El dependiente, luego de garrapatear unos datos en el cuaderno rayado de 100 páginas se la devolvió estirando con dejadez la mano.

“¿Y su hija…?”.

Me llamó Slilmalila Francis y no soy su hija. _ contestó rápidamente la joven hermosa y delgada; mientras acariciaba suavemente la espalda de Don Diego con una de su manos.

“Es necesario…” _ protestó Don Diego_ extendiéndole un billete de 500 pesos al dependiente.

Este tomó rápidamente el billete y lo escondió en uno de los bolsillos del “short”

¡Por supuesto que no, Don Diego!

“Habitación 5”. le dijo en tono servicial y le entregó una llave asida a un pedazo de mecate de nylon color azul.

¿Por donde…?

Nomas suban la escalera y doble a la izquierda al final del pasillo.

Don Diego tomó a la joven de la mano y comenzaron a subir las escaleras peldaños de madera con cierta dificultad; seguido por la mirada picaresca del dependiente.

Comenzaron a caminar, a cada paso chirriaban las tablas mal alineadas; iban con cierto cuidado para no tropezar con algunos clavos ensarrados que sobresalían como verrugas de las mismas.

El pasillo estaba en penumbras; apenas iluminado por una bujilla de 25 watt colgada como gajo de un cable eléctrico sucio y viejo en un cepo roído por el tiempo.

En las paredes de madera vieja y podrida se podían leer todavía algunos textos como:

“aquí se culiaron a juana chana la moronguda”; “ay me pegó la puta calzón de plomo, perra maldita”; “pase, entre y culee pero no orinen ni caguen en el pasillo, no sean chanchos”; “Viba la contra / tu madre / Biba sandino sana man bich”; “cristo viene arrepiéntanse hermano / que se arepienta tu madre pastor cochon, seguro te ensartaron tu crus en esta pencion” . __ y así, llena de textos y grafitos; estas paredes recogían una parte de las historias del lugar.

Don Diego las leyó disimuladamente pero no dijo nada.

Llegaron a la puerta de la habitación, no tenía cerradura; solo dos armellas grandes unidas por un candado pequeño que al meterle la llave se abrió fácilmente.

Don Diego y Slilmalila se volvieron a ver; ella sonrió, empujándolo suavemente al cuarto.

Un catre viejo, una mesa de madera, un abanico y un baño pequeño era todo lo que tenía.

Don Diego puso su maletín y su abrigo en la mesa; se asomó por la ventana de madera y miró hacia abajo; había un patio interior lleno de chunches viejos; basura acumulada no se sabe por cuanto tiempo y un perro flaco rascando entre la basura en busca de algún desperdicio para comer.

“¿Qué miras amor?”

“Esto es una cochinada”_ respondió él.

Ella lo abrazó por la espalda y lo besó.

No me importa. _ le dijo ella. _ Solo quiero estar contigo.

“Por lo menos está limpia la cama” comentó Don Manuel, acostándose a lo largo de ella.

Ella lo quedó viendo con su ojos de cielo limpio; lo besó en la boca y se recostó en su regazo.

La tarde moría en medio del bochorno y ellos dos; solos, callados en esa habitación le sacaban un espacio al tiempo.

(Esta historia continuará)

Homero.