CADENA ALIMENTICIA

El perro mordió al gato / el gato mordió a la rata / la rata mordió al perro / el perro me mordió después.

Murieron los tres.

Homero.

Marzo 29, 2015.

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CUANDO MUERE UN GRANDE…

Cuando muere un grande; de esos que muchos creían que no muere. La muerte toma una perspectiva tan duramente posible y cierta; tan inevitablemente recordada. Que allí está; aunque quieras ocultarla con soberbias. Allí está, para recordarte de manera radical y cruda que por muy grande que te creas, ocupas el mismo espacio en la tierra.

Homero.

Marzo 5, 2013.

DON MANUEL Y MAMA AMADA

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Cuando lo visité en su casa, lo encontré solo, se había apagado la luz de sus ojos. Don Manuel, había perdido a su amada, Mama Amada. Ese día, lo acompañé al cementerio como solía hacer todos los días. Llevaba en sus manos un ramo de crisantemos sembrados en una pequeña macetera. La tuve entre mis manos, mientras Don Manuel se sentaba en la lápida fría de su amada; y tuve que apartar la cara cuando vi que de su rostro resbalaban lágrimas.  El le comenzó a hablar despacio, le daba explicaciones del por qué había llegado un poco tarde. “Ella se impacienta” __me dijo. Así permaneció un tiempo; sentado, viendo a ningún lado. “No puedo superarlo” __ me dijo. Puse la macetera y nos marchamos. A los pocos meses, regresé al lugar y me senté en la lápida, a pensar. Encontré dos maceteras con crisantemos sembrados. Don Manuel ya estaba junto con su amada, Mama Amada.


Homero.

EL ROBO

Salía de una reunión, eran las 5 de la tarde y empezaba a oscurecer.

LLave en mano se dirigió a su automóvil mientras con la otra mano cargaba su maletín “samsonite”; por fin le habían pagado el trabajo de todo un año.

Gerardo era publicista.

Cerca de su vehículo se encontraba un hombre en cuclillas; amarrándose los zapatos. Daba mala espina. El misterioso hombre sin levantar la mirada le dijo: “Lo estoy esperando, ¿Usted sabe para qué?”.

Gerardo estaba tenso y le dijo: “Para asaltarme supongo”. _ Así es mi amigo, para asaltarlo. ¿Y qué piensa hacer al respecto?”. Gerardo puso el maletín en el suelo y le contestó rápidamente: “Pues defenderme hijueputa” y comenzó a patear al hombre que ni se había molestado en incorporarse.

A los pocos minutos llegó la Policía y detuvo a Gerardo que gritaba como loco. El maletín había desaparecido.

La gente se había aglutinado alrededor del hombre que yacía golpeado en el suelo y comentaban: “Pobre hombre, severenda vergueada la que le han pegado”.

El hombre logró incorporarse con cierta dificultad y le dijo a Gerardo un poco antes de que se lo llevaran detenido: “Te lo dije”.

Gerardo siguió gritando: “Es un ladrón; me acaba de robar”. Pero nadie le creyó; nadie le hizo caso.

Homero.

Diciembre 3, 2012.

Mi Cuarto.

VIDAS QUE SE APAGAN

“Estoy embarazada”. Una niña asustada ve correr despavorido al chico que hasta hoy le había jurado amor eterno. “Haga lo que tiene que hacer” y el galeno lo hizo. El padre se dio cuenta y la corrió de la casa. La madre en llantos vio marchar a su niña destrozado el corazón y destrozado su vientre. Hoy la enterramos. Vidas que se apagan.



Homero.

ESTABA ESCRITO. PARTE III

Slilma se dirigió al baño para tomar una ducha; caminó despacio, casi en puntillas por la habitación.

Sus pezones pequeños puntiagudos hirieron el chorro del grifo cuando cayó sobre su cuerpo caliente y sudoroso.

Tenía piernas delgadas y nalgas firmes; vientre plano y escaso vello púbico; sus piececitos apenas se miraban al estar cubiertos de espuma de jabón.

Era una diosa morena caribeña.

¿Vienes Diego? _ No amor. No puedo ni levantarme; me has dejado sin fuerzas.

Ella levantó su rostro y sonrió; cerró el grifo y con sus manos comenzó a escurrir el agua de su cuerpo…

¿Puedes pasarme la toalla?

“Aquí la tienes amor” __ le susurró Don Diego casi al oído.

¡Amor, me asustaste! _ protestó Slilma con cierto desenfado_ Ahora tienes que secarme y le extendió la toalla…

Allí estaba ella; desnuda y titiritando de frío frente al hombre que amaba; sobre su cuerpo se proyectaba un haz de luz que se filtraba por una de las hendijas del baño; formando un hermoso contrate con el resto de la habitación en ligera penumbras.

Don Diego tomó la toalla y comenzó despacio a secarla; era como si fuese a moldearla; primero el pelo, después la espalda; tomó sus pequeños pechos y jugó un poco con sus pezones de mujer que nunca ha amamantado; frotó rápidamente sus nalgas, dándoles varias palmaditas; bajó por cada una de sus piernas hasta llegar a sus pies y sin apartarle la vista fue aprisionando con la toalla cada uno de sus dedos…

“Lo haces como lo hacía mi padre cuando era niña…” _ Slilma cerró los ojos, apenas podía hablar, jadeaba ligeramente; una lágrima asomó en sus ojos hermosos color de miel.

“Pero no lo soy, aunque lo parezca” _ le contestó cariñosamente Don Diego; enjugándole las lágrimas con su dedo índice.

Slilma agarró nuevamente la toalla, se envolvió en ella y se tiró a la cama boca arriba, miró de reojo hacia la ventana y dijo:

“Ya tenemos 5 años de estar juntos amor y a veces pienso cuanto más debemos esperar…”

Don Diego, no dijo nada, se quedó callado viéndola a través de sus anteojos bifocales.

“Yo te amo Diego; no me importa que seas un hombre mayor, ni que tengas hijos, incluso mayores que yo, pero me siento sola; casi no nos vemos, pero no soportaría dejar de verte; y sí, a veces me molesta que estemos siempre escondiéndonos…”

Don Diego tomó sus anteojos con una mano y le respondió:

“ya se que te molesta amor pero no tenemos opción, al menos no de momento. A no ser que ya no quieras seguir conmigo y te busques a otro hombre con quien te puedas pasear libremente por todas las calles. a mi me molesta que te molestes por que esa es la situación que tenemos; lo siento Slil…”

Slilma comenzó a sollozar en silencio:

“No quiero pelear contigo Diego, te amo con todo mi corazón pero no quiero seguir escondiéndome toda la vida; solo te pido que me comprendas sin que te enojes conmigo…”

Don Diego le acarició el pelo y la quedó viendo a los ojos:

“Te comprendo amor, pero quiero que me aceptes en mi realidad. Siempre te he dicho que yo no soy el hombre que buscas; nada vale lo que haga por vos, por que no soy un hombre libre, siempre me lo echaras en cara…”

Ella solo lo miraba; él tomó una de sus manos y de dijo:

“Yo ya no hago planes Slilma; solo le doy gracias a Dios que me dio un día más de existencia sana. Yo no quiero robarte tu vida; tu juventud; yo ya estoy en lo que estoy, pero te cruzaste en mi camino, cuando ya no queda mucho que andar. A veces siento que moriré igual como murió tu padre; de cáncer, lleno de dolores y sufrimientos…”

Slilma rompió a llorar:

“yo te amo con todo mi corazón ¿para qué quiero otro hombre? Tu esposa, la madre de tus hijos algún día se dará cuenta de nuestra relación. La que pagará todo seré yo, por que siempre seré la mala, la zorra, la querida, la amante; sin que nadie tome en cuenta mis sentimientos. Pero ¿sabes amor? ¡No me importa! Ya no puedo salirme de esto, por que el único pecado que he cometido es amarte como te amo, aunque mas tarde pague muy caro por ello…”

Don Diego no pudo contener una lágrima y la abrazó fuerte:

“A mí no me das ningún problema Slil; yo soy el problema; para mí tu eres mi sol en medio de la oscuridad, si te llegara a pasar algo, me moriría de tristeza…”

Así permanecieron abrazados por largo tiempo; callados; como se estuvieran sentados viendo el atardecer al borde de un abismo.

(Esta historia continuará)

Homero.