LAS PIQUINERAS Y LOS BUZOS

Cae la tarde.

Salen los zancudos, bocones y coloradillas
y pican sin distinguir su dimensión más poética.

En el viejo muelle de Puerto Cabezas
corretean las “piquineras” a los buzos
ofreciendo sus bondades;
cambiando trozos de sus vidas por mariscos.

Las “piquineras” y los buzos.

Abrigado el aliento;
se abrazaron exponiendo sus pieles en harapos.

¿Donde está la madre que sería, el padre de sus hijos?

Las miradas se pierden en la más cruda desesperanza.

Ha enmudecido la mar, avergozada por la luna.

El viento sobre sus rostros pareció llevarse sus pensamientos.

Son dos siluetas superpuestas en la arena blanca
depositaria de sangre y pisadas de desconsuelo.

Rocas que abrieron sus entrañas
y dieron a luz bucaneros y piratas.

La sal se ha mezclado con el llanto
de sus hijos aprisionados en las redes.

El Imperio les ha puesto reyes a la esclavitud.

Y ellos allí,
en el viejo muelle de Puerto Cabezas
las piquineras y los buzos.

En un abrazo perpetuo con la miseria endémica.

La noche se fue oscura entretejiendo sueños imposibles.

Homero.
Mi Cuarto.
Martes
Enero 27, 2009.