CADENA ALIMENTICIA

El perro mordió al gato / el gato mordió a la rata / la rata mordió al perro / el perro me mordió después.

Murieron los tres.

Homero.

Marzo 29, 2015.

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PRESTAME EL LIBRO.

Estas en tu casa o en tu oficina; llega un amigo o una amiga y mira de pronto ese libro que acabas de comprar. Sí. Ese mismo, que pasaste varios días recorriendo las librerías para encontrarlo y por demás te has gastado un buen dinero.

De pronto hace mucho calor, has estado esperando que llegue la hora para desempacarlo; tomarlo con las manos de un niño con su juguete, tocarlo, acariciarlo; acercártelo a las narices y olerlo.__ ummmm huele rico, huele a nuevo. Me encanta ese olor…. y en eso, que comienzas a fantasear con TU LIBRO; Viene tu amigo o tu amiga y haciendo uso de la licencia estirada de la amistad, te dice:

Pero Homerito, tenes el libro de “LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL NO SER. Una respuesta obligada” ja, ja, ja se regodea y se lame los labios con la lengua; ¡Sos un bandido! y no me lo habías dicho.

Uno comienza a sudar por que ya sabe lo que viene… (no, no, no, San Caralampio, que no lo diga, que no lo diga; te pondré una bonita veladora de las que venden en El Corte Ingles, de esas de colores que huelen al más allá…) y ¡zas! te lanza la pregunta que no quieres oír: El amigo es más parco: “Oye Homero, prestame este libro, te lo devuelvo la otra semana. ¿Te parece?” (de no se sabe qué año pensé, maldita sopa ramen que me hace pensar tan rápido). Te vuelve a ver sin esperar respuesta y en un segundo abre su mochila y lo zampa hasta adentro, por si acaso se te ocurre dudar.

Si por el contrario, es una amiga, el suplicio es aún más agravado: “Homerito, pero que guapo te me has puesto, si te has vuelto todo un galán”, mientras acerca sus manos tiernas y suaves y te soba la pelona. Coquetea contigo y te dice: “Qué lindo este libro, me gustaría leerlo” ella mira tu cara de aflicción y arremete más fuerte, antes de que lo pienses, ella sabe que necesita una respuesta emotiva del macho. (No, no, no, no lo hagas, sabes que viene el ruego y si le dices que no se le saldrá una lagrimita por sus lindos ojos o peor aún se pondrá a llorar y te dirá que no la quieres y que eres un mal amigo….). “Sí Homerito, sí…di que sí….” quieres pronunciar la palabra: ¡NO! pero ella no te deja. Agarra el libro en sus manos, toma su cartera y se despide rápidamente con un beso y te dice: Me voy, me voy, eres un amor Homerito. Te quiero. Y solo logras atinar con un “bueno” “El bueno” que le dices no es un bueno de consentimiento, sino un bueno de pesar, de frustración y de rabia contenida por que ese libro. Sí. Ese mismo que te has comprado y que ha cambiado de manos y de dueño.
Homero.
Mi cuarto.
Marzo 20, 2015.
3:10 p.m.