EL HEROE DE LA PATRIA PARTE V (PARTE FINAL)

Después de tres horas de caminar penosamente por una picada que ni las bestias transitaban; llegué a una chocita enclavada en medio de la montaña.

Los primeros en recibirme fueron unos perros famélicos que lastimosamente movían sus colas de un lado al otro olfateando mis botas y mis pantalones enlodados hasta las rodillas.

Estaba reventado; no en balde uno suma años a su vida y el cuerpo como que se destempla y se ponen flácido los músculos y duras las coyunturas de los huesos.

Todo te duele, hasta el último huesito.

¡Buenas…!

Buenas.__ contestaron desde adentro de la chocita.

Salía humo de una chimenea improvisada, el fogonero estaba encendido; podía adivinarse por el chirrido de la leña seca cuando prende lumbre.

Cuatro niños; dos varones y dos mujeres asomaron sus cabecitas desde el hueco que hacía de entrada a la choza y tapándose la boca se ponían a reír en una mezcla de timidez y pena ante la presencia de un hombre extraño como yo.

Pase… pase.__ Oí una voz femenina desde adentro.

¿En qué le puedo servir?

Ando buscando al Teniente López ¿Se encuentra él?

¿Y para qué lo quiere?

La mujer volvió su rostro hacia mí; era una mujer de unos 60 años, fuerte, de buen temple.

Una mujer campesina de esas que cuando nacen se pegan a la teta de la vaca y la dejan seca de leche.

Usted debe ser Doña Tula; hermana de Petrona; le traigo un encargo de ella: unas cuajaditas; unas tortillas recién hechas, café de grano, azúcar, sal, aceite y pan.

“Aquí lo tiene.”___ le dije extendiéndole un saco macen que ya me traía chimado el condenado.

Doña Tula; agarró el saco con cuidado y lo puso en la única mesa de madera que tenía la choza.

Siéntese amigo; allí tiene una pata de gallina. ¿Quiere un poquito de café?

Asentí con la cabeza y me senté a observar los movimientos ágiles de esa mujer; movía los tizones del fogonero con una sola mano; acomodando rápidamente la porrita del café.

Los niños en la entrada observaban.

¡Vayan para afuera a jugar niños!__ ordenó Doña Tula con voz enérgica.__
¡Nada de estar velando a la visita que es mala educación!

Los niños no dejaron que Doña Tula les dijera dos veces la orden y desaparecieron en un santiamén.

Con cierta dificultad puso en la mesa un jarro de café y un pedazo de pan del que había traído y se sentó Doña Tula.

Sabrá usted que el Teniente López ya no está con nosotros.

No. No lo sabía. Contesté en voz baja; mientras apuraba un sorbo de café

¿Mi hermana la Petrona no se lo dijo?

No. No me dijo nada. Solo me dijo que platicara con usted.

Bueno; al pobre hombre solo vainas le habían pasado.

Primero lo jodieron en la guerra, usted sabe. Lo dejaron como mono mal tirado; en pedazos.

Al poco tiempo de eso; lo dejó su mujer, la María, por otro hombre más joven; un ganadero de Río Blanco y se fue “fugada” con él; dejándolo con sus tres hijos mayores: La Ana de 15 años que a los pocos días se la robó un hijo de Tacho y vive por aquí nomás a una hora de camino. La Rosa y Goyito que están afuera jugando. Ella solo se llevó al “cumiche” que nació cuando López andaba movilizado.

¿Y los otros dos niños? Le pregunté. Esos son los míos; los mas pequeños. Los más grandes ya tienen su vida hecha.

¿Cuénteme y qué le pasó al Teniente López?

Pues después que vino a su casa; solo vivía en pleitos con su mujer; ella le reclamaba que por su culpa había quedado desgraciado; sin trabajo y que eso le había perjudicado a ella y a toda la familia.

El hombre después que ella lo abandonó y los dejó con sus 3 hijos mayores comenzó a beber y a beber; no paraba.

Después se le fue la hija mayorcita que era la que atendía las labores de la casa.

Yo le estuve cuidando la casa y los chavalos por un tiempo hasta que la mujer me dijo que ya no me necesitaba y me regresé al pueblo.

Usted sabe que venimos de largo huyendo de la guardia de Somoza.

En eso él tomó la fatídica decisión. Se ahorcó en una solera.

Nos dimos cuenta por que los chavalos caminaron hasta el pueblo a dar aviso.

En la reunión de la Cooperativa se decidió que como yo no tenía donde vivir me viniera para acá y me hiciera cargo de sus hijos. Y aquí estoy, sobreviviendo con lo poco de la siembra y la ayuda que me mandan del pueblo; mas que todo productos básicos como los que usted me trajo.

Nos quedamos en silencio.

Podía sentir en el ambiente ese vacío que solo lo da la miseria; la pobreza extrema.

Saqué un dinero de la cartera y se lo di a Doña Tula: “tome para que se compre algo y le compre algo a los niños.”

“Pero señor; yo no puedo pagarle”._ me dijo la señora.

No me debe nada; este dinero yo se lo debía al Teniente López.

La mujer no muy convencida asintió con un ligero ademán, tomó el dinero, lo envolvió rápidamente en un pañuelito y se lo acomodó en el escote.

Me levanté y le dije que tenía que irme por que no quería que me agarrara la noche en el camino.

Al levantarme pude observar que en una de la paredes de madera rústica de la choza; junto a un rosario, estaba colgada una medalla “Camilo Ortega” en oro. La de un Héroe de la Patria; el Teniente López.

Me despedí salí hacia el patio y le di unos confites a los niños que andaba en la bolsa del pantalón; todos saltaban de alegría.

Por cierto señor ¿Como se llama usted?

Dionisio, Doña Tula. Amigo del Teniente López.

Comencé a caminar en la dirección del pueblo seguido por la mirada de esos niños que no sabían por qué no tenían padre; que no sabían por qué no iban a la escuela; que no sabían, maldita sea, por qué no tenía nada qué comer.

Acompañado en mis pensamientos por el recuerdo de un hombre que su único pecado era haberle servido a su patria: el Teniente López.

Homero.

EL HEROE DE LA PATRIA IV

LA LLEGADA A MI COMUNIDAD.

Un helicóptero del Ejército había caído en la pista de Siuna; se que iban a evacuar heridos por que la gente comentaba que desde temprano se estaba combatiendo por “Casas Viejas”.

Me quedé viendo el viejo aparato soviético tratando de recordar cómo me habían sacado de la emboscada; pero no recordaba nada; excepto las bombas y las metrallas que estallaban en mi memoria.

El bus volvió a reiniciar la marcha; una de las cosas que me impresionó ver eran los campos desolados a lo largo de carretera de macadán.

Los campesinos varones habían abandonado sus huertas y se habían ido a la guerra.

Sólo encontrabas mujeres, niños y ancianos caminando por la carretera o lavando ropa en los caños y riachuelos.

Como pesadillas despiertas azotaban mis pensamientos esos lugares donde habían emboscado a muchos amigos y vecinos.

La sangre estaba regada en los caminos y nadie las miraba; solo yo.

Cada vez que nos acercábamos a un punto de emboscada; mi corazón se oprimía y me ponía en guardia; tocaba incesantemente la cacha de pistola esperando el mas mínimo movimiento de un enemigo fantasma.

Dionisio me miraba y no me decía nada; el sabía lo que era andar en la guerra. Nos habíamos reconocido como hermanos de lucha.

Pasamos por Siunawas; Yaoya; Mongallo; Negrowas.

En ese trayecto logré ver por unos momentos la Escuela “San Martín” y mis antiguos compañeros de estudio; no quise dejarme ver. No quería que me vieran con ojos de lástima.

El bus paró en Coperna. Mi lugar. Mi cooperativa.

Dionisio iba a continuar su viaje hacia Rosita; nos habíamos despedido con un fuerte abrazo y lo invité a que me visitara algún día.

No había terminado de bajarme del bus cuando un montón de niños, jóvenes y amigos llegaron a saludarme.

Era el reencuentro con mi gente; mi comunidad.

Todos nos conocíamos, todos eramos amigos. No había secretos entre nosotros.

Me ayudaron a cargar con la mochila; la prótesis en la pierna me estaba haciendo paste.

Me llevaron a la Casa Comunal; tocaron insistentemente un riel colgado en una de sus soleras.

Era el llamado general; en pocos minutos estaba reconcentrada toda la comunidad; saludándome; abrazándome.

Eran como doscientas personas congregadas alrededor de mi persona.

Mis ojos se llenaron de lágrimas por primera vez en mucho tiempo.

Los niños no dejaban de tocarme la prótesis y el muñon de mi brazo y me preguntaban si no me dolía.

Mandaron a matar gallinas y un cerdo; salieron las botellas de cususa y comenzó la fiesta del pueblo.

Bebí hasta quedar borracho en un tapesco; no me acuerdo cuanto tiempo dormí.

Cuando desperté estaba la vieja Petrona atizando el fuego de la leña para hacer un café.

Por fin te despertaste. ¿Quieres un trago de café?

¿Qué hora es Petrona?

Son las 8 de la mañana; dormiste la mona toda la noche.

Petrona era una de las líderes de la cooperativa; había sido correo de Carlos Fonseca y del “Danto”.

Su rancho en las montañas de Matagalpa había sido refugio de los guerrilleros del Frente Norte; hasta que lo quemó la Guardia y mató a toda su familia.

Ella se salvó de milagro por que cuando llegaron a su casa; ella se encontraba en una misión clandestina.

En lo que me incorporé del tapesco; la Petrona me extendía mi pistola; sabía que la estaba buscando. Estaba entrenada para eso.

“Ahora que te jodieron te has vuelto muy confiado” comentó la Petrona en son de broma y sonrió dejando ver los orificios en su dentadura.

Había perdido varias piezas dentales; nunca le pregunté qué le había pasado, a las mujeres no les gusta hablar de eso.

¿Petrona y mi mujer? ¿Has visto a mis hijos y a la María?

Petrona retiró del fuego la porrita de café; buscó un posillo, lo llenó y me lo ofreció. El café humeaba.

Bebete el café y después hablamos.

(Continuará. Espere la última parte)

Homero.

EL HEROE DE LA PATRIA PARTE III

LA LLEGADA A SIUNA

Enrumbamos hacia el mineral de Siuna, por un camino pedregoso lleno de baches.

Oscureció; y poco a poco se fueron apagando las voces dentro del bus y el traqueteo de la carrocería alternaba con los ronquidos de uno o dos pasajeros.

Unos niños hurgaban con avidez una bolsa de confites aprovechando el sueño de sus madres.

Cerré el único ojo que tenía y abrí mis oídos.

Un militar nunca puede descuidarse; debe controlar los ruidos y los silencios de la noche.

Me sumí en mis pensamientos; recuerdo cuando llegaron los políticos del Frente a la Escuela San Martín para arengarnos con discursos antimperialistas y conminarnos a que nos integráramos a las tropas del Ministerio del Interior; prometían buena paga, ropa y calzado y un futuro de gloria al servicio de la patria.

Recuerdo que nos integramos 15, todos campesinos; estudiantes que abandonamos la cartilla para ir a la guerra.

Yo venía de Coperna; una cooperativa agraria sandinista ubicada a unos 40 kilómetros de Siuna en dirección al Mineral Rosita.

No tuve ni tiempo de despedirme de mi familia; mandé aviso con uno de mis amigos.

Me acuerdo que firmamos por seis meses y después el Ejército nos reclutó voluntariamente; ninguno de nosotros andaba obligado como otros.

Mi mujer estaba embarazada de mi hijo cumiche.

¿Como será? ¿Se parecerá a su papa?

Entramos a Siuna temprano en la mañana.

Dionisio se había dormido toda el camino y se quejaba de lo entumido que andaba.

El bus estacionó en la única gasolinera que había y buscamos donde desayunar.

Había movimiento de tropas; al parecer la “contra” andaba cerca. Se escucharon algunos disparos de ak en la lejanía.

Me encontré con uno de los políticos que me había reclutado e hizo como que no me había visto.

Un ligero ademán y continuó su camino en una prisa justificada por su vergüenza.

No tenía por qué sentirse mal; así era la guerra. Nadie gana.

Entramos en el Comedor de Estolano y pedimos un desayuno siuneño; gallo pinto; huevos fritos; mortadela; cuajada; tortillas de harina recién hechas; jugo de naranja y un buen café negro.

Nos sentamos a la orilla de la puerta para controlar la salida del bus; no podía quedarme en Siuna; tenía que llegar a mi casa.

No había terminado de acomodarme cuando entraron unos jóvenes y se pusieron a reír de mi desgracia.

Me agarraron asoleado y los traté; les dije que ellos no sabían quien era yo; el Teniente López; Héroe de la Patria y les enseñé con mi única mano mi medalla.

Uno de ellos; la mas jovencita me quedó viendo con sus profundos ojos negros y me dijo:

“Esa es su guerra señor; no la mía.”

Me sirvieron el desayuno y ya no tuve ganas de comer.

(Continuará)

Homero.

EL HEROE DE LA PATRIA PARTE II

LOS HÉROES TAMBIÉN VIAJAN EN BUS.

Subí con cierta dificultad por las gradas del bus.

Las muletas no me dejaban subir por lo estrecho del espacio.

Alguien quiso ayudarme y rechacé la ayuda; soy un militar que puedo valerme solo.

Cuando logré superar las escalinatas; todo el mundo dejó de hacer lo que estaba haciendo.

Se hizo un silencio cargado de miradas de lástima y de admiración.

Mi medalla brillaba como un sol en mi pecho; al menos así lo sentía.

¿Había valido la pena?

Pienso que sí; los que peleamos por la patria sentimos de alguna manera que la sociedad nos debe algo; al menos un reconocimiento por nuestro sacrificio.

Para no ponerme en evidencia ante tantos “civiles” me senté en el primer asiento en la fila derecha del bus; justo detrás de la entrada principal; había un poco mas de espacio y podía acomodar mejor mis muletas y la mochila militar donde llevaba mis pocas pertenencias.

Escuché los murmullos de la gente; pero no le hice caso, era un Héroe de la Patria ¿Qué daño me podían hacer?

No habíamos avanzado mucho tiempo cuando se sentó a mi lado un señor un poco mas mayor que yo; tal vez de unos 35 años y me comenzó a hacer plática.

Al principio no le puse mente; no quería hablar de la muerte de mis compañeros y de como había quedado desgraciado para toda la vida.

El bus paró en Tipitapa; el municipio mas cercano a Managua y una avalancha de vendedores; niños, hombres, mujeres y ancianos se lanzaron encima de las ventanas para ofrecer sus productos.

“Agua helada…agua helada… el fresco, el fresco, el fresco; van las enchiladas, las pupusas, la rosquillas, va querer marchantillaa..”

Un colorido de pregones; mezcla de productos, sudores y calores.

Puufff… estaba acalorado; compré unas rosquillas somoteñas y un fresco de cacao con leche.

Me sofocaba ver tanta gente vendiendo y gritando.

No estaba acostumbrado a los ruidos de la ciudad.

Después de comerme las rosquillas y beberme el freso; cerré el único ojo que tenía y me tiré un “peloncito”.

No quería hablar con nadie; solo quería llegar rápido a mi casa; abrazar a mis hijos y a mi mujer.

Las bocinas de los camiones y buses me despertaron; estábamos en la gasolinera principal de Río Blanco; un pueblo blanco norteño enclavado en la montañas de Matagalpa.

El chofer resopló del calor que le daba la máquina del bus; sacó una toallita de mano de la bolsa de su pantalón y se secó a manotazos el sudor de su cara y cuello.

La toallita desde hace mucho tiempo había perdido su color; estaba totalmente mugre.

No me importó en absoluto; en la guerra hemos andado sin bañarnos por semanas enteras y ya no sentimos el tufo entre nosotros es como si quedara sellado el olfato.

“Señores pasajeros tienen una hora para comer”__ anunció el ayudante del bus.

Bajé del bus un poco mas rápido de como me había subido.

Tenía entumida la pierna.

Miré a un lado y a otro sin poder decidir a qué lugar dirigirme.

Yo solo había estado de paso por ese pueblo de hermosas mujeres blancas; una vez que pasamos en unos camiones del ejército cuando iba con mis tropas a la montaña.

“Disculpe Teniente”__ me habían tocado el hombro suavemente; empuñé rápidamente mi pistola “TT”escondida en la cadera derecha de mi pantalón.

Tranquilo héroe; solo lo vengo a invitar a una cerveza.

Era nuevamente mi acompañante hablador.- Me tendió la mano

“Mucho gusto”._ Me llamo Dionisio.

“Teniente López”__ le dije a secas.

Asentí con la cabeza y nos metimos a una comidería bar cruzando la calle; desde allí podíamos controlar el bus.

Comenzamos a beber; una, dos, tres, ya no me acuerdo cuantas cervezas me bebí.

El bus se había atrasado mas de la cuenta por un desperfecto mecánico y estuvimos bebiendo mas de 3 horas.

Era mi primera borrachera después de 6 meses de estar en ese hospital entre la vida y la muerte.

El bus tocó nuevamente la bocina anunciando su partida.

Me incorporé con mucha dificultad; ya me había quitado la camisa militar; la medalla y mis grados.

Ya no me importaba nada parecerme a cualquier soldado que andaba de “pase”

Era un lisiado de mierda; jodido no solo por una mina si no por una sociedad que le importaba un “bledo” mi desdicha.

Dionisio pagó la cuenta y me ayudó a montarme al bus; ya tampoco me importaba eso.

Mi orgullo se había quedado en esa cantina.

(Continuará)

Homero.

EL HEROE DE LA PATRIA PARTE I

(Foto Marcelo Montesino)

LA EMBOSCADA

Todo alrededor había quedado en silencio; el olor a pólvora mezclada con carne humana quemada saturaba el ambiente.

Me quedé allí; oyendo el llanto de mi hijo recién nacido oliendo la sonrisa de mi esposa acunando a nuestro hijo cumiche.

Había logrado sacar a Pedro; pisó una mina y se le fue por los aires su pierna izquierda.

“No vaya Teniente; no vaya.”

No le hice caso a la tropa, tenía que sacar a mis soldados heridos.

Logré sacar a Timoteo; con las vísceras de fuera sosteniéndolas con su mano derecha ensangrentada para no botarlas.

Pero a Carmelo ya no lo pude sacar; me lo había “echado a tuto” y no calculé bien su peso y caímos en una mina.

Su cuerpo me protegió del impacto y después se me borró todo.

Solo oigo voces, ruidos, gritos.

Olores infernales a sangre y orina en los hospitales.

No se si estoy soñando o estoy en la otra vida.

Desperté muchos días después; no se cuanto tiempo estuve en coma.

¿Y mi pierna derecha? Médico ¿donde está mi pierna?

¿Y mi brazo izquierdo? Enfermera ¿que le hicieron a mi pierna y mi brazo?

Contésteme; es una orden.

¡Oh Dios! No veo bien; solo veo con un ojo; Enfermera, Médico

¿Que pasó con mi ojo izquierdo?

La enfermera solo me quedó mirando con ojos llenos de compasión.

Me eché a llorar como un niño.

¡Mátenme! ¡Mátenme! ¡Médico! ¿Por qué no me dejaron morir?

¿Qué voy a hacer ahora que soy medio hombre?

Habían transcurrido seis meses.

Estuve en el Hospital Militar y nadie me había llegado a visitar de mi familia.

Tuve por compañía una ventana y la luz que se filtraba por ella; de vez en cuando oía algún pajarito cantar por las mañanas; solo eso.

Un día se apareció un General con un grupo de oficiales perfumados y bien vestidos y después de leerme un manifiesto me impusieron la medalla al valor en oro. El grado máximo. Una “Camilo”.

Era un Héroe de la Patria.

Al día siguiente me dijeron que me fuera a mi casa; me dieron las gracias y una ayuda económica por parte del ejército por que al ser miliciano reservista voluntario, no tenía derecho a salario alguno.

Me dio risa; me dijeron que firmara un papel y con el lápiz en la mano les puse una “equis” y le dije que así firmaba. Pero no era cierto, me dio pena decirles que nunca había cursado escuela.

Me vistieron de militar, me pusieron mi medalla y me dejaron en la parada de buses que me llevaría hasta cierto punto en la montaña para después coger camino, unas tres horas a pie (antes lo hacía en 45 minutos) para llegar a mi casa.

Un miembro de mi plana me llegó a despedir y me regaló unos anteojos oscuros y me dijo:

“Para que se parezca a Steve McQueen.”

Yo no sabía quien era Steve McQueen, después supe que era un actor famoso.

Se miraban bien y me ocultaba el ojo de vidrio que me habían puesto los cubanos.

Por fin había agarrado el bus en el “Mayoreo” que me llevaría a la casa.

(Continuará)

Homero.

COMUNIQUEMONOS A UN MES DE SU CREACION

El 14 de Julio de 2008 se puso en marcha nuestra red COMUNIQUEMONOS; a un mes de ese acontecimiento importante para todos hemos tenido avances importantes; de los cuales destacamos:

1. Somos una comunidad que ha crecido mas en calidad que en cantidad: somos 61 miembros.

2. Somos una comunidad muy activa; tenemos un promedio de posteo diario de no menos de 10 post; un índice bastante alto en comparación con otras redes en la que si bien es cierto nos rebasan fácilmente en cantidad de miembros su actividad es poca o nula.

3. Somos una comunidad que postea bien; no solo por la cantidad si no por la calidad de sus contenidos; la temática encuadra bien con los fines de la red; intercambio de información y conocimientos desde una perspectiva intercultural.

Hemos dicho claro; no somos una red de ocio inútil como otras que abundan por la red.

4. Somos una red que se preocupa por sus miembros, solidaria y cooperativa; no hay liderazgo caudillista; nos perfilamos como una colectividad que se autoregula bajo el axioma que: si buenos son sus elementos bueno debe ser el producto.

5. Somos una red de amigos con actitud propositiva.

Esto último en mi opinión es lo que amarra bien los elementos anteriores relacionados.

Hemos tenido algunos problemas técnicos con el sitio; mi falta de conocimiento en esto no me ha permitido ayudar mas como hubiese querido a los amigos que lo han solicitado, pero he explicado las razones.

Creo que otro problema es que un número reducido de sus miembros hasta la fecha se han inscrito pero no han participado en nada; no postean, no comentan, no promueven foros.

En síntesis, no tienen actividad en la red. Eso es negativo por que la red se alimenta con la participación de sus miembros si la red no se mueve; muere inevitablemente.

Sería bueno que esos compañeros expusieran algo o se replantearan su permanencia en el sitio.

Cuando tomé la decisión de impulsar esta red; lo hice con cierto temor de quedarme solo; de empujarme a un precipicio sin paracaídas; por que no bastan buenas intenciones; hay que cabildear y consensuar; pero también hay que emplearse con estrategias correctas.

Siempre es difícil cuando se trata de articular una colectividad que empieza a configurarse como tal.

La red no es una suma de elementos; la red tiene inteligencia propia y cada uno de nosotros somos parte de ella; hacia eso vamos.

Yo no tengo ningún mérito mas que haber promovido la red; igual como lo pudo haber hecho otro compañero o compañera; el mérito en todo caso es de todos.


FELICIDADES Y SIGAMOS EN EL OFICIO.

Homero.

NOTA: Si hay algún amigo o amiga de La Coctelera que quiera sumarse a este hermoso proyecto de comunidad virtual; las puertas están abiertas.

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